- La resolución de problemas
- El trabajo en equipo
- La colaboración, entre otras.
No sabemos cómo será el mundo en varios años, ni qué puesto de trabajo ocuparán las generaciones futuras pero las habilidades anteriormente nombradas se podrán mantener prácticamente igual y seguramente mejorarlas.
Ahora bien, muchos se preguntan si la tecnología es buen medio para llevarlo a cabo; la respuesta es simplemente sí, siempre y cuando su uso sea adecuado a la vez que se encamina hacia un cambio mayor; y es que la tecnología no sustituye a los maestros sino que los hace cambiar de rol. Ser un maestro/a no consiste en dar una charla ya que eso lo podríamos sustituir proyectando un vídeo sino que, entre otras, un maestro/a es una persona capaz de dar apoyo en algo específico en que fallen sus alumnos/as. Luego, hasta ese punto de necesidad en el que se encuentre el/la alumno/a puede entrar en juego la tecnología, v.g.: sabemos que cada discente avanza a un ritmo diferente, con la ayuda de la tecnología pueden trabajar en lo que se les dificulta y avanzar en lo que saben, interaccionando en ambas de forma personalizada, los alumnos pueden aprender sin presión mientras avanzan cada uno/a a su ritmo y cuando lo necesite solicitar ayuda.
Como bien citan conocidos educadores, la educación debe ser interactiva y personalizada, multiplicando así, la retención y la participación de los educandos. Por lo que la figura del docente es clave en este conjunto, debe recordar que no basta con llegar a tener aparatos tecnológicos en las aulas sino que también ha de buscar estrategias hacia la hibridación del mundo físico y digital, preparando tanto a los/las alumnos/as como a ellos mismos, los docentes. No es cuestión de edad, es más bien cuestión cambiar el chip.
